En ese afán de los que nacemos con prisa, no nos damos cuenta, o lo hacemos demasiado al borde del abismo, de que “solo tenemos una vida”, y que todavía no ha llegado el momento de apurar el último soplo, sino de mantenerlo en el paladar y degustarlo como un buen caldo.

Allá por el año 1984, mis pies comenzaron a despegarse del suelo. Noté, con cierta excitación, que el pulso no se aceleraba, ni entraba en barrena el latido, y solamente anduve. Empecé tímidamente aquel recorrido de apenas quince kilómetros que abarcaba desde el Monasterio de Bugedo, con los Hermanos de La Salle hasta Sobrón, una tierruca bonita y salpicada de chopos, donde se había establecido el campamento. A la vera, el río de agua fría, por ende los mosquitos del estío.

No paré de andar. Y tal vez, eso fue el salvavidas de mi vida. El que hizo posible que me recuperara de la operación de la espalda, el que hizo que no perdiera el norte en todas aquellas largas y agónicas jornadas de mar, o que me despegara del infarto cuando lo kilos y la grasa sitiaban mi organismo.

De andar pase al trote y del trote al vicio por correr. Un vicio que estoy experimentando cada día desde hace unos meses. Tienen razón los que dicen que engancha.

Hoy, víspera de Reyes del año 2016, bajo la lluvia torrencial y caprichosamente helada de la mañana, en la Avenida del Mar, aquí en Ferrol, me pregunté por qué estaba corriendo bajo la lluvia. No tuve que hacer ningún esfuerzo adicional para encontrar razones suficientes:

La primera, porque ya estaba corriendo.

La segunda, por la sensación de libertad. Suena a chorrada, pero los que lo habéis experimentado lo sabéis.

La tercera. ¿Era realmente necesaria una tercera razón para continuar corriendo bajo la lluvia? Acaso, ¿no eran poderosas razones las dos primeras para continuar buscando más?

Si, ahora, mientras me bebo (¡atención!) el café descafeinado con leche desnatada y sacarina, que ni es café ni es ná de ná, alguien me formulara la pregunta del epígrafe

¿Por qué corres bajo la lluvia?

Creo, sinceramente, que, y tras haberlo meditado, le respondería

¿Y por qué no?

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Un comentario en “¿Por qué corres bajo la lluvia?

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